El Colegio Hoy

 Julio Cacciatore

"No quiero hacer un discurso formal de profesor a alumnos. Ya que ésta es una situación espacialísima. Tanto yo, como ustedes, nos vamos. Entonces lo que voy a decirles vale tanto para mí como para ustedes, si bien aún no tomé conciencia de este hecho.
Es habitual decir a los alumnos que se van que terminan una etapa y que, a partir de la semilla sembrada por nosotros y recogida por ustedes, ayudará a encauzar la misión de cada uno. Y yo siento que lo puedo aplicar a mí mismo. Recuerdo una frase que dijera Sonia Moser en las palabras de despedida en el acto de ayer: “Marca imborrable”, a las que Francisco Oteiza agregó: “Vacío difícil de llenar”, todo en referencia al San Andrés. Y las recibí como dichas para mí. En este caso, entonces, tan especial, los alumnos y el maestro pueden aplicarse el mismo mensaje.
Encontré, y no en Internet, algunos fragmentos que puede servirnos para esta ocasión. No quise inventar una despedida: todo ya ha sido dicho y escrito, sólo hay que saber encontrar.
Uno de los fragmentos hace a lo que debe seguir siendo una obligación en nosotros, y es de un profesor de aquellos tiempos de principios del siglo XX, en que el docente era un personaje que se miraba con cariño pero también con el respeto que el alumno sentía por alguien en que se reconocía al guía, al proveedor de sabiduría y consejo en un momento en que se marcaban bien las diferencias. El profesor y escritor argentino Enrique de Vedia, de quien tal vez ustedes –y con toda razón- no hayan oído hablar, era uno de estos personajes. Al despedir a sus alumnos que terminaban el ciclo secundario les dejó estas palabras:
“Jóvenes alumnos: Escuchad esta palabra, guardadla en vuestros corazones sanos; haced de ella la ley de vuestra vida, y marcharéis sin tropiezos a vuestra estrella, que debe ser el engrandecimiento de la patria: esa palabra es ¡estudiad!”.
Toda la vida, estudien, aprendan, y háganlo con amor, en ese permanente camino de educarse en donde siempre creí que los alumnos pudieron haber aprendido algo a través de mí, pero donde yo aprendí mucho gracias a mis alumnos. Prometo por lo tanto a ustedes, que voy a seguir estudiando.
El segundo texto hace a la búsqueda, la búsqueda del camino, y es de una novela que muchos de ustedes seguro han leído, libro que se encuentra en nuestra biblioteca y que, además ha sido llevada exitosamente al cine: “Como agua para chocolate” de la mexicana Laura Esquivel. En un difícil momento, la protagonista parece haber perdido el rumbo en su existencia. Y otro de los personajes le dice:
“Todos nacemos [como] con una caja de cerillos [de fósforos] en nuestro interior, pero no podemos encender solos los cerillos, necesitamos, [como se ve en los experimentos], de oxígeno y la luz de una vela. Sólo que en este caso de nuestra propia caja, el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada, y la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de las cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos, uno de esos fósforos, es lo que nutre de energía el alma”.
Chicos, estudien y luchen por encontrar el rumbo que alguien llama vocación. Pero sobre todo, nunca pierdan la esperanza si no lo encuentran tan fácilmente. No es simple encontrar los propios detonadores. Busquen, porque en algún momento se va a producir la combustión. Es el momento en que alcanzarán la auto convicción de estar en el buen camino.
Como dijo ese poeta que es Walt Whitman al final de su “Canto de mí mismo”:
“No te desalientes si no me encontraras
Si me perdieras en un lugar, búscame en otro
En algún lugar te espero”.
Hace un año, en este mismo lugar, la promoción anterior fue despedida por alguien que me era muy querida y que ya no está entre nosotros: Maggie Salinas. Pero realmente ¿no está entre nosotros?. Mientras exista el recuerdo, mientras exista la huella que esa persona ha trazado en nosotros, dicho ser vivirá. Y ahora que nos separamos, recordémonos. Prometo recordarles, les pido que me recuerden. Un tercer texto encontrado, también de Walt Whitman, hace que el recuerdo nos inmortalice. Gracias, entonces, al poeta alcanzaré, qué vanidad, la inmortalidad. Por eso escribió::
“Sé que la órbita que describo
no puede medirse con el compás de un carpintero
Y que no desapareceré como desaparece el círculo de fuego
Que traza un niño en la noche, con un carbón encendido”
Hoy se cierra para mí una órbita, un círculo con el que abrazo a todos los alumnos que tuve... y espero, por otra parte, seguir sintiendo el fuego de la vida y despertar más detonadores. Les deseo un sinfín de éxitos. Y les agradezco a ustedes, chicos y también a todos ustedes, a todo el San Andrés, los momentos que hemos pasado juntos. Chicos, como espero no desaparecer, hasta cualquier lugar del camino. Gracias".   Julio Cacciatore

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Graduación 2003

 

El 13 de diciembre hubo una gran fiesta en honor a esta querida promoción.,con grandes despedidas y agradecimientos de los alumnos y padres hacia el colegio .Todos super-elegantes comieron junto a sus padres, profesores .y no pararon hasta las 4 de la mañana de bailar.

FELICITACIONES por este logro . Suerte en esta nueva etapa y cuenten con nosotras en todo lo que necesiten en relación a la institución.

Lila Macchiavello -Of. ALUMNI

 

Querida Promoción 2003:

El fin de cada etapa de nuestra vida nos invita a la reflexión de lo hecho, de lo no-hecho y de lo por hacer. El fin de una etapa de nuestros seres queridos, paradójicamente, también nos enlaza en un vaivén de emociones reflexivas por el solo hecho de haber marcado algo en nuestro camino diario. Hoy, ustedes, promoción 2003, dan una vuelta de página en sus vidas, después de transitar horas eternas de niñez y adolescencia, las cuales, de ahora en más, serán un manojo de nostalgia en sus corazones.

Corría el año 1997 cuando los conocí por primera vez. Alejada, entonces, de la Escuela Primaria ya hacía catorce años y abocada de lleno a las cátedras de Lengua y Literatura Inglesa en los años 11 y 12 de la Escuela Secundaria, aceptar trabajar en 6to. Año, con estudiantes de 11 y 12 años de edad implicaba todo un desafío. Volver a rutinas escolares, tan importantes en esa etapa y a conflictos pre- adolescentes durante la mañana para enfrentarme con cuestionamientos existenciales de alumnos de 17 y 18 años por la tarde, fue muy interesante.

Conviví entonces con el principio y fin de la adolescencia simultáneamente. Trabajar con ustedes despertó en mí una ternura largamente aletargada. Me contacté con la chispa sana de los doce años, con esa mezcla de incredulidad, picardía y despertar a la vida que ya no recordaba y fueron ustedes los que recobraron en mí la llama insita del abrazo con la niñez que se despide.

Recuerdo vívidamente dónde se sentaba cada uno, sus talentos incipientes, sus necesidades básicas y sus virtudes tácitas. La mochila que nunca lograba ordenarse, el poeta errante que aún me escribe, el monitor rebelde que se transformó en caballero, la mirada cálida del segundo asiento junto a la pared de la izquierda.

En la Escuela Primaria se enhebran los fundamentos de la adultez, la materia prima en su máxima expresión es tallada minuciosamente; los talentos se detectan y alientan, las relaciones interpersonales se fomentan. Es en la Escuela Primaria que preparamos el ajuar para la vida futura y son los propios alumnos que nos recuerdan la importancia de lo que hacemos con lo que nos toca vivir. Damos de lo que somos y ustedes se llevan lo que alguna vez hemos sido. Sepan que un trozo de mi vida se va con ustedes y un trozo de sus vidas queda en mí. Los hilos del ayer y del mañana se conjugan en el adiós que les digo hoy.

Promoción 2003:

Hombres y mujeres en tan sólo un soplo.

¡Gracias por haberme hecho mejor profesora y mejor persona! ¡Gracias por haberme puesto en contacto con la niñez nuevamente! ¡Gracias por haber sido mi primera promoción en la Escuela San Andrés!

Un abrazo y hasta siempre!!

Gabriela Rosso

Profesora de Lengua y Literatura Inglesa

6to. Año, 1998

Vicedirectora EGB 2003

 

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