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7/7/2009
Historias de amor en el Geriátrico de Vicente López
Desde hace muchos años visitamos el Geriátrico de Vicente López. Los rostros de los abuelos y de los alumnos han cambiado, pero la pasión es la misma.

Desde hace muchos años visitamos el Geriátrico de Vicente López. Los rostros de los abuelos y de los alumnos han cambiado, pero la pasión es la misma.

Éstas son algunas de las reflexiones de alumnos que lo visitan este año:

 

“Pero todo cambió después de un tiempo, y al sentirme más segura, me senté al lado de uno de los tantos ancianos. Lo saludé y empecé a hablar; allí me di cuenta de que era algo distinto a mí, pero no sabía por qué; sin embargo sentía que me entendía. Tras varias visitas, mi relación con Teté se fue fortificando, hasta incluso me reconocía y de vez en cuando recordaba mi nombre. En una de las salidas quedé estupefacta cuando me regaló una carta que había hecho para mí; es inexplicable lo que sentí. Una persona que no tuvo la suerte de tener las capacidades que tengo yo,  se acordaba de mí”….”Primero saludé a todos los ancianos y luego me dirigí a Teté quien me recibió con un grito. Me quedé durante casi toda la salida con él, hablando y dibujando, y aunque sé que quizá no entiende lo que digo, sé que de algún modo sabe que estoy ahí para ayudarlo y acompañarlo”…Nicole Polano, año 9.

 

 “Apenas llegué al geriátrico, ansiosamente fui a hablar con mi amiga Bebi. Le llevé unas hebillas que le había prometido. Son rosas y contrastaban mucho con su pelo. Al dárselas se emocionó y se sonrojó cuando le dije que estaba hecha una diosa. Empezamos una charla también con Blanquita y otras señoras, hicimos un club de solteras y les dije que para la próxima tenían que tener un novio. Me contestaron que los abuelos del geriátrico eran feos, con excepción de  Fernando. Lo senté en la misma mesa que Bebi y empezamos a dibujar. Le comenté en secreto a Bebi que él sería un novio perfecto y me sonrió. Después ella le compartió el chocolate que yo le había traído. Estaban “reenganchados”. ¡Fue espectacular¡…..Me hice amigos y amigas de muchas edades que se divierten contándome sus anécdotas y eso me hace sentir bien, no sólo porque los estoy ayudando a ellos, sino también porque ellos me ayudan a mí a quererlos cada día más”…Juana Zapiola, año 9.

 

“Me gustó esta salida. Me afectó ver a tantos ancianos solos y enfermos. Al mismo tiempo, me alegró ver las caras felices de aquellos que agradecían nuestra visita, especialmente la de una anciana en silla de ruedas que entró con una sonrisa de oreja a oreja saludando a todos.”…Paulina Dagnino, año 9.

 

“Cuando vi a los ancianos atados en la silla, fue algo muy fuerte. Más allá de que estos parecen casos extremos, acá parecía una imagen habitual. Por ejemplo, no se podían parar para ir al baño; tenían pañales. Así se ve el desgaste de los años. Repetiría esta experiencia porque es una forma de ayudar a personas que realmente lo necesitan. Además es un sentimiento que me da satisfacción y me agrada saber que estoy ayudando.” Victoria Eisler, año 9.

 

“Cuando llegamos, al ver a todas esas personas con enfermedades y discapacidades, me conmovió. Con sólo pensar que les falta cariño y amor, esto me pone mal. Cuando una de las abuelitas se puso a llorar por la emoción de nuestra visita, fue realmente conmovedor….Cuando tuvimos que irnos, realmente no quería partir. Quería seguir charlando con mis nuevas amigas y compañeras. En el micro de vuelta, vi que nadie quería irse, sentí el  hermoso sentimiento de que había ayudado a alguien…” Camila Gutiérrez, año 9.

 

“Un anciana de 97 años recitó un cuento que sabía de memoria y quedamos todas muy asombradas; lo que más nos sorprendió fue que el cuento era muy coherente y lo que decía tenía sentido.  Después hablamos con una señora que tenía Alzheimer y que nos hacía preguntas como por ejemplo: ¿Ustedes dónde viven?, y cosas un poco obvias.

Nos dio mucha emoción cómo todas las viejitas te agarraban la mano y te decían qué bella que sos y te agradecían por estar allí. Nos dio mucha alegría poder ser parte al menos de su tarde y hacerlos felices…” Olivia Burzaco, Carolina Korzin y Delfina Martínez Puente, año 8.

 

Los actores cambian, la historia es la misma. Con emoción y sorpresa, ante un mundo de cambios permanentes, donde el aburrimiento e insatisfacción alientan  la búsqueda de nuevas propuestas, el amor mutuo de nuestros alumnos y ancianos perdura, fiel e incondicional.

En nombre de todos los abuelos, por estos doce años, gracias.

Patricio Gil Mariño


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