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10/6/2010
Communication Workshop
Year 11 Students and Parents

 During the month of May the first Communication Workshop for students and parents was held as part of the Year 11 PSE programme. Mag. Andrea Saporiti and Lic. Arturo Claria delivered two talks for parents and led a series of workshops in which parents and students reflected together on issues that may affect communication at this stage of their lives. In spite of the difficulties with communications and timings, many parents were able to attend. It was an unusual experience for both students and adults to be working side by side, but after some initial skepticism, all went well. The reflections were deep and, we hope, useful, and all participants seemed to enjoy the activities, to the point that when the bell rung for lunch nobody moved!

We know this is only a first step, but trust the seeds have been sown for solid, fruitful communication to grow. We thank the parents who could make the effort to attend, those who helped in improving communications and all those who expressed their interest. And we thank all of Year 11 students once again for their good will and involvement.

See below an article by Mag. Andrea Saporiti summing up some key concepts related to communication:

 La comunicación entre Padres e Hijos en la adolescencia

 La adolescencia es el periodo de la vida más difícil y complicado de describir. Los cambios biológicos de la pubertad son universales, pero las diferencias concretas en su expresión, en su  secuencia y amplitud varían en cada uno. La comunicación en esta etapa resulta confusa y la relación con los padres genera situaciones de tensión. El primer paso es comprender que “es imposible no comunicarse” por lo tanto todo es comunicación . Si partimos de esta premisa  el segundo paso es “conocer” con quien me comunico y de esta manera comprender la etapa adolescente es sentar las bases para mejorar el vínculo entre padres e hijos.

En la cultura moderna la adolescencia abarca un periodo de por lo menos 10 años y tanto su inicio como su final suelen se poco precisos.

Muchas definiciones recogen su carácter de etapa del desarrollo evolutivo: “la adolescencia es una fase del desarrollo de la personalidad situada entre los cambios puberales y la edad adulta”. Si bien es una etapa de transición posee sus características propias.

La considerable distancia que existe entre la conducta infantil y la conducta adulta no se podría salvar sin el “equipamiento”  que se adquiere en la adolescencia. Este periodo de transición tiene como objetivo lograr la madurez emocional que consiste en  el aumento creciente de la confianza en uno mismo y el la adopción cada vez de más responsabilidades para regular la propia conducta.

La función de la adolescencia no es aislar a la persona, no es separarlo de su etapa anterior y de la siguiente sino lograr una transición armónica. No se trata de romper con el pasado  (infancia)  ni negar el futuro (adultez), en definitiva lo que se busca  es que los chicos y las chicas se hagan mayores.

Es fundamental partir de una visión positiva de la adolescencia, durante muchos años se la definió como la edad de las anomalías, “la edad difícil”, “la edad de la rebeldía” etc. Sin embargo, es la edad donde surgen nuevas e importantes capacidades, lo que supone un salto cualitativo en el desarrollo de la personalidad, (reflexión, sentido crítico, razonamiento, autonomía moral, intimidad, apertura etc.)

La adolescencia media a diferencia de la anterior se caracteriza por los cambios psíquicos. Se trata de un proceso esencialmente psicológico si bien continúa el desarrollo fisiológico, ahora se realiza a menor ritmo. El cuerpo va adquiriendo ya una armonía en sus proporciones.

Este cambio se origina principalmente en el descubrimiento del yo. Hemos pasado del “despertar del yo “al “descubrimiento consciente del yo”, el púber se limita a sentir que es diferente a los demás, el adolescente medio en cambio, se observa se analiza a sí mismo por dentro, profundiza en su mundo interior en su intimidad, es una época de introspección orientada hacia el autoconocimiento y la autocomprensiòn.

Este descubrimiento favorece la diferenciación de la personalidad el adolescente asume un tipo de personalidad concreto entre muchas posibles, busca nuevas formas de comportamiento cada vez mas autónomas.

En el adolescente de esta fase coexiste la euforia de sentirse más capaz que antes, con el pesimismo que proviene de no conseguir la autonomía que se había propuesto. Esto explica algunas conductas contradictorias y ambivalentes:

  1. Inconformismo-conformismo
  2. Independencia-dependencia
  3. Apertura- retraimiento.

Duda entre actuar como una persona mayor o como un niño. Ha experimentado que el comportamiento autónomo esta mucho mas expuesto al error y al fracaso que el comportamiento dependiente. Muchas veces movido por el miedo a fallar, da un paso para atrás: regresa a conductas infantiles que están exentas de grandes problemas.

En otras ocasiones ante la misma situación de miedo da un paso adelante: el de la rebeldía agresiva., reaccionando generalmente contra los padres.

Esto demuestra que estamos ante una crisis hacia adentro, es una crisis de personalidad, al servicio de la construcción de la misma.

La capacidad de introspección, el poder mirar hacia adentro, el autoconocimiento esta dado por los cambios producidos  a nivel cognitivo con la aparición del pensamiento formal, decisivo para el progreso del desarrollo de la personalidad total.

Se produce un perfeccionamiento de las estrategias cognitivas. El pensamiento formal es pensamiento reflexivo: es la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento, de analizar qué se esta pensando y cómo se esta pensando.

Esta capacidad de reflexionar el adolescente puede salir del reducido ámbito de lo concreto para acceder al ámbito de lo posible y abstracto, de esta manera puede establecer teorías. El pensamiento formal es el pensamiento de lo posible. Es capaz de formular hipótesis, de contrarrestarlas con la realidad, y de deducir consecuencias.

Su pensamiento es hipotético-deductivo. La inteligencia tiene un valor instrumental.

Utiliza las aptitudes básicas de la inteligencia: razonamiento, concepción espacial, compresión y fluidez verbal.

La evolución cognitiva favorece la evolución de la moral. Surge la capacidad para el razonamiento moral, pasa de la moral heterónoma a la moral autónoma, las normas ya no son vistas como algo meramente coercitivo, sino como valores que hay que asumir e interiorizar. Esta interiorización hace posible la conciencia del sentido del deber. Surgen las motivaciones internas. Los valores no se reducen a principios teóricos sino que se integran en un ideal personal elegido libremente y encarnado en modelos humanos.

En el plano afectivo se produce una profundización de la intimidad. Toda la conducta adquiere una tonalidad afectiva. Es la etapa de los sentimientos esto se debe a que la afectividad es más conciente que antes. En edades anteriores  cada estímulo iba seguido de una respuesta inmediata y por ello primaria. En cambio en esta fase entre el estímulo y la respuesta hay un tiempo de reflexión, que puede o no expresarla: Recordemos que surge la intimidad, el descubrimiento de lo propio.

Los sentimientos son la verdadera riqueza psicológica de los adolescentes e influyen sobre la personalidad en su totalidad para bien o para mal.

Los sentimientos positivos que prevalecen son: afecto, ternura, alegría, amor, amistad. Los negativos son, principalmente los que están asociados a conductas de repliegue.

A lo largo de esta etapa surgen dificultades emocionales ligadas a necesidades de la personalidad no satisfechas:

  1. Necesidad de identidad
  2. Necesidad de afecto
  3. Necesidad de realización personal
  4. Necesidad de independencia
  5. Necesidad de relación social

 

El notable desarrollo de los sentimientos se encauza a través de la amistad y el amor.

La adolescencia superior o final significa salida de la crisis de personalidad de la etapa anterior: recuperación del equilibrio, de la estabilidad y de la paz interior.

La adolescencia intermedia sirvió para desplegar nuevas capacidades y para ser consciente de las posibilidades personales.

La personalidad se afirma con la autoexigencia y el afán de superación.

Una de las conquistas más importantes es la aparición de la capacidad de profundización y del pensamiento especializado. Hay un mayor equilibrio entre la introversión y la extroversión. Al disminuir el egocentrismo, el joven esta en condiciones de mantener con otros una relación de persona a persona,.Ahora es capaz de ver al “tu” como una realidad diferente e independiente. El descubrimiento del tu conlleva al desarrollo de sentimientos sociales: altruismo, comprensión, compasión, sacrificio, entrega, etc. Es un factor clave para la maduración de la amistad y el amor.

Las relaciones sociales son mas amplias y variadas que antes, no se limitan a los amigos íntimos.

La tarea fundamental de esta etapa es el cultivo de la vida interior.

El adolescente accede a la madurez propia del adulto responsable a través del:

 

  1. aislamiento a la apertura de los demás
  2. la rebeldía en función del capricho a la rebeldía en función del deber
  3. conformismo al afán de superación
  4. individualismo al comportamiento solidario
  5. miedo a la vida a la alegría por vivir
  6. dogmatismo y la rigidez a la tolerancia y a la flexibilidad
  7. autosuficiencia a la disposición para aprender de los demás y para aceptar ayuda.

 

Es el momento de las grandes elecciones en el terreno del estudio, de la amistad, del trabajo y del amor. Estas elecciones se concretan en un proyecto personal de vida. El proyecto vital se convierte así en un medio insustituible para el perfeccionamiento personal.

 

Andrea Saporiti

Lic. en Psicología. UCA

Mag. en Matrimonio y Familia Univ. de Navarra, España.

andy.saporiti@gmail.com

 

 

En busca de la propia identidad

 

La construcción del concepto sobre uno mismo.

 

La posibilidad  del pensamiento hipotético-deductivo, y la capacidad de abstracción llevan al adolescente a entrar en el mundo de  lo posible permitiéndoles en el orden personal  un nuevo nivel de auto examen.

Estas nuevas expediciones introspectivas constituyen una parte esencial de la conciencia sobre uno mismo. La riqueza psicológica de esta etapa se relaciona con el despertar de la personalidad.

 A medida que avanza  este proceso de autoconocimiento, el adolescente va obteniendo una imagen y una opinión de sí mismo (auto concepto): cómo me veo, cómo  soy.

El auto-concepto se define como un conjunto de conceptos referidos a uno mismo en diferentes aspectos: corporal, psíquico conductual, moral y social.

El concepto de sí mismo comienza en la infancia, conservando y fortaleciendo aquellos aspectos que son aprobados por los padres y adultos significativos.

En la adolescencia  se entra en un proceso de revisión y actualización del auto concepto formado en la infancia, incluyendo juicios valorativos sobre sí mismo.

Cuando la auto imagen satisface a la persona la valoración es positiva y por lo tanto eleva su autoestima; en cambio cuando la auto imagen es negativa  la autoestima desciende.

La autoestima es necesaria en todas las etapas de la vida, para confiar en las propias posibilidades  y estar dispuesto hacer nuevas y mejores cosas para evitar estados interiores de inseguridad e inferioridad. La autoestima se desarrolla formando el carácter y educando la voluntad.

El auto concepto y la autoestima son elementos integrantes de la identidad personal.

El fracaso en la formación de un concepto de sí mismo acorde a un yo real y con el mundo al que pertenece suele provocar la llamada  crisis de identidad: periodo de toma de decisiones sobre ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿A dónde voy?

Los cambios físicos y psíquicos que se producen en la adolescencia ponen en cuestionamiento  la identidad elaborada durante la infancia, creándose un vacio de identidad. El adolescente necesita definirse de nuevo. La identidad es la sensación de continuidad de la vida personal en el tiempo.

Fierro (1997) define la identidad como la autodefinición de una persona con respecto a otras a la realidad y a los valores, coherencia con lo que uno es y debe seguir siendo.

La búsqueda de la identidad personal conlleva varias tareas:

  1. optar por un sistema de valores
  2. elegir una ocupación dentro del mundo
  3. dependencia adulta ( independencia)

 

En la adolescencia, según Erickson, se consolida y cristaliza la identidad, es el momento de integrar las identificaciones pasadas en una unidad personal. Este proceso es doloroso y lleva bastante tiempo. Un adolescente puede  encontrarse en situaciones muy diferentes con respecto a su identidad personal.

Marcia y otros definen cuatro modos o estados de la formación de la identidad:

 

  1. Difusión de la identidad: estado de duda permanente. Miedo a tomar decisiones y comprometerse. Riesgo: aislamiento falta de motivación.
  2. Identidad establecida prematuramente: se compromete con una postura determinada sin haberla elegido libremente. Riesgo: bloqueo del proceso de maduración.
  3. Crisis y moratoria: Estrés transicional que requiere tareas adaptativas. Se siente confuso y perdido ante la tarea de definirse a sí mismo (confusión de identidad). Riesgo: identidad negativa. Moratoria psicosocial: tiempo de espera.
  4. Se hacen compromisos luego de haber atravesado la crisis. Mayor resistencia ante la ansiedad típica de la transición, menor vulnerabilidad en la autoestima, menor conformismo ante las presiones sociales, mejor adaptación a la vida social.

 

Logro de la adolescencia: “yo soy lo que he decidido y me propongo ser”

 

Bibliografía

 

-Castillo Ceballos, G (2003) “Claves para entender a mi hijo adolescente”. Ed Pirámide Madrid.

-Craig G (2001) “Desarrollo Psicológico” Prentice Hall Mexico

-Stanssen Berger K (1997) “El desarrollo de la persona” Ed. Panamericana.

 

 


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