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11/4/2011
Promoción 2010 - Entrega de Diplomas y premios
Última ceremonia para los recientes egresados

   Como todos los años, nuestros egresados del año anterior vuelven a St. Andrew's a recibir sus diplomas y certificados del Bachillerato Internacional en una cálida ceremonia donde los mejores promedios son distuinguidos con premios. Siempre es una ocasión feliz, de reencuentros y recuerdos, aunque en realidad no haya pasado tanto tiempo desde su presencia en la escuela como alumnos.

Queridos profesores, padres y amigos:

Como estudiantes, esta ocasión representa la culminación de un esfuerzo que no fue individual. Fue la sumatoria de muchas personas que dedicaron horas de sus vidas en dar forma a las nuestras. Gracias a los profesores que con tanta dedicación nos prepararon. Ni nosotros ni ellos podemos medir el alcance de este primer paso en la escalera de la profesión o hacia el trabajo que cada uno va a ejercer.

Fiel al ideario del colegio, desde Kinder fuimos formados para tener un espíritu crítico y solidario, con un nivel de excelencia académica. El IB significa mucho más que unos cuantos papers: es la abertura de una puerta. Nuestros resultados académicos trascienden lo local para forman parte de una escala internacional, y la trayectoria de cada uno ya se inició en un mundo globalizado.

Quiera Dios que nuestro desempeño, el día a día, lo que ya hemos hecho y lo que habremos de hacer, contribuya a mejorar el entorno y la sociedad donde nos toque vivir.  Esforcémonos para que nuestros valores en cuanto a la formación ética y moral puedan plasmarse en hechos concretos.

Reflexionando sobre aquellos que tomaron en sus manos nuestra educación, quisiera transcribir estos pensamientos que alguna vez dijo la Madre Teresa de Calcuta:

Nos enseñaron a volar, pero no volaremos su vuelo,

Nos enseñaron a soñar, pero no soñaremos sus sueños,

Nos enseñaron a vivir, pero no  viviremos su vida,

Nos enseñaron a cantar, pero no cantaremos su canción,

Nos enseñaron a pensar, pero no pensaremos como ellos,

Pero sabremos que cada vez que volemos, soñemos, vivamos, cantemos, y pensemos, estará la semilla del sendero enseñado y aprendido.

 Llegamos al final de nuestro sendero y se nos abren las puertas del camino.  Para empezar proyectos vamos a necesitar valentía y ganas, pero para terminarlos vamos a necesitar perseverancia.  Si queremos triunfar no tenemos que mirar la montaña desde abajo y desanimarnos por su altura, tenemos que empezar a subir, roca por vez hasta llegar a la cima.

 La vida continúa y seguramente vendrán tiempos complicados con aciertos y desaciertos; pero tenemos que aprender a atravesarlos con sabiduría, paciencia e inteligencia. Como  una vez dijo un escritor anónimo, “la vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia”.

Aferrémonos a nuestros sueños y no los abandonemos jamás. Aprovechemos cada oportunidad que se nos presente, procurando marcar una diferencia, siendo líderes solidarios y tendiendo una mano a quienes la necesiten. Nunca olvidemos que la calidad de un líder no se mide por cuántos le siguen o le sirven, sino a cuántos él puede servir.

 Le deseo todo lo mejor a cada uno de ustedes. Muchas gracias. – Lucrecia A. Bellora

  

 

 

Buenas tardes. Para empezar, quería decir que es realmente muy placentero volver al colegio después de tanto tiempo, volver a pasar por los pasillos, el patio o el hall, reencontrarse con profesores, preceptores y amigos. Todo me trae buenos recuerdos. Porque debo decir que verdaderamente extraño al San Andrés y todo su entorno. Para que se den una idea, me pasa que todos los profesores nuevos de la universidad que tengo se parecen a algún profesor que tuve acá en el colegio. Me pasó también de entrar a la biblioteca de la facultad y ver por un instante a Gloria en el mostrador. El punto es que todos pasamos mucho tiempo de nuestras vidas en este edificio, y al abandonarlo de un año para otro es imposible no extrañarlo en algún sentido u otro. Todos llevamos al San Andrés bien dentro nuestro.

   Esta entrega de diplomas representa un reconocimiento a todo nuestro trabajo de los últimos dos años de colegio, pero que engloba también nuestro gran esfuerzo a lo largo de toda nuestra carrera escolar. Las semanas sin tiempo libre, las sucesivas fechas de entrega, las madrugadas haciendo trabajos, las impresiones a último momento, los cuatro exámenes en una semana, los portfolios. Y encima la presentación de CEC de la década del 80. Pasamos por todo esto y más para llegar hasta acá. Ahora, cinco meses después y con más perspectiva, creo que podemos ver y comprender mejor el propósito y el legado del IB en nosotros.

   La utilidad más práctica y evidente del IB es el hecho de que muchos hayan podido ingresar a diversas universidades sin rendir un solo examen de ingreso, o bien sin tener que rendir ciertas materias. Esto sólo ya justificaría, en mi opinión, todo nuestro esfuerzo al hacer el IB.

   Sin embargo, lo que nos llevamos luego de este curso es algo mucho más profundo e intangible, una serie de habilidades que nos servirán para toda la vida. La capacidad de organizar nuestro estudio y nuestros trabajos, la de estar concentrado por largos períodos de tiempo, la capacidad de pensamiento crítico y razonamiento en vez de aprender todo de memoria, de rendir bajo presión, de elegir materias y temas de estudio… En fin, la lista sigue y sigue. Conjuntamente, nos llevamos muy buenos conocimientos en muy diversos campos de estudio, lo cual nos facilita la vida en la universidad. Como muchos habrán ya visto en sus nuevas clases, muchos de los contenidos que se enseñan son conocidos por nosotros y completamente nuevos para alumnos de otros colegios, lo cual nos pone en gran ventaja, y hace que la transición del colegio a la facultad nos sea menos abrupta.

   Todo esto se lo debemos a mucha gente. En primer lugar, me gustaría agradecer a nuestras familias no sólo por invertir tanto en nosotros, sino más que nada por valorar y creer en una buena educación, ya que también habrá muchas más familias capaces de acceder a ella pero que simplemente no  la valoran o estiman como se debe. Y, finalmente, agradecer también profundamente a todos nuestros profesores y preceptores por su paciencia, dedicación, preocupación, afecto y por la pasión por su trabajo. – Mateo Riwillis

 


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