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13/12/2011
Ceremonia de Graduación 2011
Emotivas y profundas palabras de despedida de la profesora Cristina Colonnella

             

             Agradezco a las autoridades el haberme invitado a decir estas palabras. Comprenderán mi emoción cuando les diga que no sólo tengo ex-alumnos en las gradas sino también entre los padres,  entre mis colegas y las autoridades, y entre el público en general.

            Pero estas palabras van dirigidas a esta generación, la más joven; voy a leerlas con el fin de mantener bajo control el tiempo y mis emociones, aunque creo que tendré más éxito con el primero que con las segundas.

            Chicos, estamos transitando nuestros últimos momentos en la Escuela; faltan algunos detalles y algún viaje pero esencialmente estamos en la dársena de partida. Pero no nos confundamos: partir no es separarse. Lo sabemos por propia experiencia: podemos sentirnos tan lejos de personas que tenemos muy cerca y tan cerca de otros que están más lejos... Por lo tanto, no se entristezcan: no se separan, no nos separamos, sólo nos distanciamos un poco para abrir nuevas perspectivas.

            Se ha dicho que la memoria está en crisis porque ya no se la valora; puedo asegurarles que hay una memoria que permanece inalterable: la de los afectos. Uno puede olvidar fechas, nombres; pero, en el momento en que evoquemos una situación compartida o cuando nos reencontremos en alguna circunstancia, todo el afecto que hay entre nosotros aflorará intacto en el abrazo que nos daremos y, como diría nuestro querido Borges: “Nos reiremos buenamente los dos”, al rememorar todo lo que hemos compartido.

            Y hemos compartido tanto en estos años: buenos, malos, difíciles momentos, clases, discusiones apasionadas, sobre literatura y otras cuestiones, a las que nos condujeron ciertos buenos autores; pero sobre todo compartimos lo inesperado de cada día: los diálogos después de clases, los encuentros en el patio, a veces tan sólo un simple saludo cotidiano. Así, lentamente, se fue generando un vínculo afectivo (no un enlace tecnológico) basado en la cálida solidez de los pequeños gestos, las miradas y las sonrisas. Esto es lo que los une, lo que nos une. Algunos de ustedes han simbolizado ese vínculo en un obsequio que es para mí un preciado tesoro: el buzo de egresados con mi apodo bordado en la manga: La Colo. Sepan que, cada vez que me lo pongo es para mí como un cálido abrazo de parte de ustedes y espero que, cuando evoquen estos años,  sientan también que los abrazo desde el recuerdo. 

            Ahora bien tengamos en cuenta que, en realidad, esto no es un cierre, es sólo la finalización de una etapa dentro de un proceso: El continuo proceso de crecer y evolucionar (incluso a mi edad). En algunos casos hasta puede considerarse una metamorfosis por los muchos cambios que vamos experimentando; pero puedo asegurarles que, a través de todos ellos y a pesar de los avatares de la vida, podemos conservar nuestra esencia,  nuestros principios, nuestro ADN.

            Tomen como ejemplo el caso de mi generación, los que ahora tenemos 60. En nuestra adolescencia veíamos la guerra de Vietnam y las manifestaciones pacifistas en contra de esa guerra, el movimiento hippie con su espíritu de paz y amor, y el mayo francés del ’68 con su lema “La imaginación al poder” (yo egresaba de la Secundaria en ese año). Yoko Ono usaba el pelo largo y no trajes sastre de corte ejecutivo.

            Bien, aquellos jóvenes de entonces querían cambiar el mundo y darle un estilo más humano y comprensivo, y resultó que no pudieron hacerlo. Entonces, algunos permitieron que el mundo los cambiara a ellos y se transformaron en quienes generaron más guerras, sistemas económicos despiadados y otras cuestiones negativas del mundo de hoy. Pero también hubo otro grupo: los que pensamos que el problema era más una cuestión de vocabulario: No había que intentar cambiar EL mundo sino MI mundo (nuestro entorno). Pensábamos que, si lográbamos plasmar allí (en cierta medida) nuestra manera de pensar, generaríamos algún tipo de cambio.

            La aplicación constante de nuestra escala de valores es un ejercicio difícil porque es cotidiano; pero es posible hacerlo y, además, es una de las mejores formas de trascender. No debemos considerar que sólo trascienden los que, con sus acciones, cambian el rumbo de la humanidad, también lo hacemos todos nosotros con las huellas que dejamos en las vidas de los otros. En ese sentido, ustedes, sus padres, los profesores, todos, ya hemos trascendido, de alguna manera, al dejar algún rastro (mayor o menor) en la existencia de los demás. Y esto seguirá  pasando; por eso debemos ser cuidadosos con los pasos que damos pues reflejan lo que somos. Recordemos que, si no practicamos los valores en los que creemos, terminaremos creyendo en los valores que practicamos.

            No les auguro que esta tarea será fácil y sencilla. A veces habrá dificultades que les parecerán imposibles de superar. Pero esas dificultades “imposibles” son como el Everest. ¿Por qué?

            El monte Everest era considerado imposible de vencer para los occidentales. Diez expediciones se organizaron para tratar de hacer cumbre y todas fracasaron (algunas por sólo 300 metros), hasta que finalmente, en 1953, la undécima expedición, organizada por un inglés, John Hunt, logró que dos de sus miembros hicieran cumbre. John Hunt no era uno de ellos. Los que llegaron fueron el neozelandés Edmund Hillary y Tensing Buthia, un sherpa (nepalés por nacimiento e indio por residencia). Se basaron en los aciertos y errores de las expediciones anteriores, tenían una excelente preparación técnica y espiritual, realizaron un intenso trabajo de equipo (internacional, por cierto) y aplicaron algunas nuevas técnicas aportadas por el sherpa Buthia.

            Ustedes saben muy bien qué conclusión se saca de esta historia; para superar una dificultad se requiere: aprovechamiento de la experiencia propia y ajena, preparación, trabajo en equipo, y sobre todo humildad, valor y decisión para aceptar que cambiar de estrategia puede ser necesario.

            Lo que voy a decirles ahora es que ustedes ya saben hacer todo esto, lo han practicado en la escuela pues, siendo constantes en la aplicación de alguna nueva estrategia, han logrado avanzar en esa materia que consideraban “imposible” para ustedes; con organización y trabajo en equipo han llevado a cabo en forma autónoma diferentes acciones maravillosas: El Music Competition, la revista, Battle of the Bands, la subasta de obras de arte, el desfile o la última versión de “Chiquilín de Bachín” en el viaje de regreso desde Córdoba. Han podido hacer todo esto solos o en grupo, con un líder o por gestión compartida. Desarrollen estas capacidades; no las pierdan ni permitan que nadie se las quite. Lo que han vivido y lo que han visto vivir dentro y fuera de la escuela les ha aportado experiencia que les servirá para superar dificultades, úsenla para encontrar la estrategia correcta que  convierta lo “imposible” en algo “solamente un poco difícil”.

            De la historia que les conté también podemos obtener otra conclusión: No debemos aceptar como propios los fracasos de los demás, porque les aseguro que aquello que otros no han podido alcanzar puede constituirse en nuestro mayor logro. Por lo tanto, chicos,  no acepten la frase: “Aquí no se puede hacer nada” porque, es cierto lo que se dice de la historia: “puede repetirse”;  pero también es cierto que ustedes pueden ser “otra historia”.

            Y, si en algún momento sienten desfallecer sus fuerzas, recuerden estos versos del escritor argentino Pedro B. Palacios:

“No te des por vencido ni aun vencido,

No te sientas esclavo, ni aun esclavo;

Trémulo de pavor, piénsate bravo,

Y arremete feroz, ya mal herido”

            El poema se llama “¡Piu Avanti!” (por si quieren leerlo)

            Para ir llegando a un final: una anécdota escolar:

            Cierto día, hace algunos años, un alumno me preguntó desde el fondo de la clase: Señora, ¿qué se siente haberse dedicado a una profesión con la que ya se sabe desde el principio que no se alcanzará el éxito económico?” (Esos alumnos existen.)

            Le contesté que, si ese hubiera sido mi objetivo para seguirla, mi profesión podría haber sido frustrante; pero mi objetivo, en mi profesión y en mi vida, no había sido lograr un efecto exterior (como el éxito económico, social, etc.) sino alcanzar un estado interior: “la plenitud” ¿Y qué es “sentirse pleno”? Es sentir que estamos en paz con nosotros mismos, que no hemos claudicado en nuestros valores de la juventud por lograr una posición o un estilo de vida, que sinceramente intentamos aplicar en nuestras acciones diarias los valores que proclamamos tener, en fin, que en cada momento damos lo mejor de lo que somos.  

            Chicos, ese estado de plenitud así entendido es algo que nadie puede darles o quitarles, no importa lo que pase. Depende sólo de ustedes y de la manera en la que elijan vivir su vida. Y en ese camino hacia sentirme más plena, ustedes han sido una parte importante.

            Y para ustedes, una parte importante de ese estado de plenitud dependerá de lo que hagan con el saber que han tenido el privilegio de alcanzar.  Frecuentemente se ha dicho que ustedes son la primera generación que tiene a su disposición “todo el saber del mundo”. Lamento desilusionarlos, lo que tienen a su disposición es toda la información del mundo: transformarlo en un saber propio será su tarea y lo que harán con ese saber será su responsabilidad. No por nada hace unas semanas “los indignados” de Estados Unidos manifestaban frente a los edificios de Harvard.

            Por eso, chicos, hagamos distinción de significados: no es lo mismo existir, subsistir, sobrevivir que vivir y,  más aún, para decirlo con las palabras de Eladia Blázquez:

“Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir,

porque no es lo mismo que vivir

honrar la vida”

            Y si en ese intento de vivir honrando la vida, alguna vez sienten que todo a su alrededor es negativo y oscuro, recuerden lo que les dice esta profesora:

            Cuando miramos la inmensidad del campo suelen atraer más nuestra atención las alas oscuras y los fuertes graznidos de los cuervos que el aletear de las mariposas; pero, si observamos bien y contamos con cuidado, indudablemente hay más mariposas que cuervos. Por lo tanto: no cuenten cuervos sino mariposas;  y atesórenlas,  porque son efímeras. 

            Buena suerte.

 

Prof. Cristina G.Colonnella

 

Enlace en Youtube http://youtu.be/kQv996Wj_iA


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